21 ago 2010

Nobel


Sí, se marchó. Se marchó para siempre. Ahora sólo lo podremos ver en fotos y vídeos. Pero donde mejor le podemos ver y observar es en lo que dejó tras de sí: La isla desconocida, El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la lucidez, Ensayo sobre la ceguera, el viaje del Elefante, Caín...

Un lugar sobre el arco iris...


...existe una tierra de la que una vez oí hablar. Donde los cielos son azules. Donde tus sueños se convierten en realidad. Un día soñé sobre una estrella, que me hallaba en un lugar lleno de nubes. Donde los problemas se funden como gotas de limón, por encima de las chimeneas. Allí es donde podrás encontrarme. Donde pájaros azules vuelan. Vuelan sobre el arco iris. Entonces ¿Por qué no puedo? Si pequeños pájaros azules vuelan, entonces ¿Por qué no puedo?

20 ago 2010

Bajo la lluvia


Se acabó. Lo he dado todo por intentar salvar lo poco que quedaba del idílico paisaje que desde tu balcón se veía.
La lluvia chapotea en el asfalto, jugando con los coches, cuyas luces vagan sin rumbo por este mar de ciudad. Maletín en mano, sin paraguas, rumbo hacia el olvido. Los zapatos se me empapan en seguida y noto los pies fríos.

Relato de agosto

Allí estaba yo, último en la fila del pan, cuando algo que brilló a la luz del sol llamó mi atención. Me acerqué y me agaché para poder observar el extraño objeto que en el suelo yacía. Era un colgante con forma de mariposa. Lo cogí y lo examiné entre mis dedos unos instantes. Después, deslicé un ala de la mariposa, lo cual abrió el colgante y me permitió observar dos fotos muy antiguas en blanco y negro. en una posaba un hombre joven, con el pelo corto y rizado. Al otro lado, una mujer más joven aún de mofletes regordetes y labios finos incluía en su mirada una chispa de algo, una chispa de amor. Tras concluir que el colgante perteneció a uno de los dos enamorados, lo guardé en mi bolsillo y decidí que más tarde debatiría sobre lo que debía hacer con aquel antiguo objeto.
La puerta chasqueó anunciando mi entrada en el apartamento de Silver Street en el que me estaba alojando para poder continuar mis estudios de arquitectura en esta espléndida ciudad que es San Francisco.

Dejo la bolsa de la compra en la encimera de la cocina y coloco la lechuga y los yogures estratégicamente en la nevera. Me dirijo al viejo sofá de la sala de estar y al dejarme caer en el algo cae de mi bolsillo y repiquetea en el suelo. Sí, el colgante.

Vuelvo a cogerlo, y a mirarlo como si fuera la primera vez y no la segunda. lo vuelvo a abrir, esperando encontrarme con aquella pareja joven, pero al examinar las fotos, consigo observar en los ojos de la chica dolor y angustia, algo que en la vez anterior no había conseguido descubrir.
Así que vuelvo a cerrar el colgante y cierro el puño a su alrededor, barajando la posibilidad de que aquella muchacha de mofletes regordetes no fuera tan feliz como había pensado.
El despertador comenzó a taladrarme el oído a las cinco y media. Hora de emplearse a fondo en el diseño de planos. Dirijo la mano a apagarlo cuando en vez de notar el botón del despertador, noto algo frío con forma de mariposa.

Lo cojo y apago el despertador. Mientras me desperezo comienzo a acariciar el colgante inconscientemente. Abro al nevera y saco el cartón de leche que está a punto de acabarse y una manzana. De la despensa adquiero las galletas y un bollo de chocolate. 
Acostumbro a ver la tele mientras desayuno, peor hoy no me apetece ver las noticias. Engullo el bollo mientras observo el colgante descansar sobre la encimera. Lo cojo y me dispongo a abrirlo, pero no quepo en mi de asombro cuando me es imposible hacerlo. Es como si el metal se hubiera fundido y hubiera quedado unido para siempre. Necesito abrirlo, y lo primero que pasa por mi mente es un láser ¿pero cómo hacerlo sin dañar la foto?
El reloj me avisa con seis campanadas de que debo ponerme en movimiento. lo primero que hago es ducharme, después preparar las cosas y salgo de casa a eso de las siete menos cuarto, dispuesto a comerme el mundo.

Llego a la puerta de la universidad cuando ya han abierto. Decido esperar fuera un poco y evitar así avalancha de personas en la entrada. Hoy hace fresquito para ser verano, y eso que aquí en California pocas veces se puede decir eso.

Cinco minutos después me encuentro atravesando la gran puerta de entrada. Justo encima de la puerta un cartel que reza en dorado: Mission Bay Tech University.

Las dos primeras horas pasan lentamente, mientras acudo a una charla sobre grandes estructuras que esperaba más interesante. A segunda hora decidí acercarme a la clase del señor McAllister, que enseña el empleo de materiales en la construcción. Es un gran aficionado a las maquetas, de modo que este curso albergará otra vez unos cuantos trabajos sobre el tema. 
Pero a tercera hora fue cuando pasó. Estaba observando el entrenamiento matutino del equipo de baloncesto, al que no pude ingresar por culpa de un pequeño problema de reflejos con el que me tengo que ver obligado a vivir.

Pues bien, me hallaba yo en aquel lugar cuando me metí la mano en el bolsillo y me encontré de nuevo con aquel objeto. Saqué la mano para comprobarlo. Mis sospechas se reafirmaron en seguida. Pero esta vez, pude ver la rendija que separa una de sus alas. La deslicé y se abrió, pero de nuevo mi asombro hizo presencia cuando dentro de aquel extraño objeto no encontré más que un papel en el que habían escritas tres iniciales: TMC.
¿Qué podría significar? Volví a guardarlo en mi bolsillo y continué observando a los del equipo, pero mi mente no se hallaba con mis ojos, y el colgante y sus extrañas iniciales se agolparon en mi cerebro y lo cautivaron, atrayendo su atención, y la mía, hacia él.


15 jul 2010

Las dudas de Frank - Volume 1: Los patos.


Estaba Frank tirado en su sofá como si le hubiera dado un jamacuco. A su lado, su amigo Ernie disfrutaba del sabor de una Coca-Cola, mientras escribía en su cuaderno anotaciones. 
Frank se incorpora y coge un hielo del vaso que se había bebido antes y se lo coloca en el pecho.
-Hace mucho calor tío.
Ernie asiente con cara de estar pensativo mientras se rasca la barbilla, como buscando algo en su pensamiento.
-¿Qué estás haciendo? - pregunta Frank.
-Escribir.
-¿Escribir el qué?.
-Cosas - dijo Ernie intentando zanjar la conversación.
-¿Qué cosas?.
-¡Ah! - grita Ernie - ¡escribiendo, escribiendo sin más!.
-Vale pero no te enfades.
-No me he enfadado - explica Ernie.
-Mentira.
-Mira - Ernie se incorpora un poco- si no te vas a callar ayúdame por lo menos...
-¿A qué?
-¡Pero déjame terminar, que estaba hablando!
Frank asiente.
-A ver - comienza Ernie - quiero que me ayudes a buscar un sinónimo de eterno.
-Vale - contesta Frank - ¿Qué tal para siempre?
-No - contesta Ernie - tiene que ser una palabra.
-Armiño - suelta de repente Frank.
-¿Qué? - dice extrañado Ernie - ¿Qué leches es eso?
-Un animal....¿no?
-Eso es el armadillo.
-Ah.
Ambos se quedan en silencio durante un rato.
De repente Frank abre la boca, para hablar, cuando Ernie dice:
-¡Ya lo tengo!
Frank cierra la boca y le pregunta a Ernie:
-¿Cuál?
-Infinito - dice Ernie con una sonrisa en los labios y escribe la palabra en su cuaderno.
-¡¿Pero qué dices?! - grita Frank.
Ernie lanza una mirada inquisitiva a Frank.
-Si infinito no tiene nada que ver con eterno - comienza Frank - si infinito significase eterno, los patos volarían.
-Infinito significa eterno, imbécil.
-¡Oh, no! - grita Frank.
-¿Qué?
-¡Los patos vuelan!¡Y nos van a atacar!
Frank se levanta rápidamente del sillón y comienza a andar hacia la cocina.
-¿Adonde vas?
-A por los cuchillos, hay que estar preparado - contesta Frank.
Entonces, sin pensárselo lo más mínimo, Ernie le lanza la lata de Coca-Cola a Frank, dándole en la cabeza. Frank pierde el equilibrio y se cae al suelo.
Inmediatamente, y casi al mismo tiempo, los dos amigos comienzan a reírse y Ernie ayuda a Frank a levantarse.
-Vamos a ver la tele - dice ernie.
Frank asiente y se sienta en el sofá, que está empapado por el hielo, que se había derretido.